sábado, 28 de febrero de 2009

No hay lanzas, solo gritos desesperados

Hace poco tiempo,
decia un poeta muerto,
de un solo nombre,
con dos cabezas,
de extremos,
e incompletas:

"Heridas abiertas de puñales ajenos,
buscando cobijo debajo de un muerto,
saliendo a encontrar el aliento escondido,
sabiendo, quizas que lo has perdido".

Un poeta de cenizas,
ceniceros llenos,
un poeta resucitado,
de maestros del cielo,
de maestros de tantas tierras,
maestros de plumas blancas,
maestros de carbon de infiernos,
maestros de corazones,
tan presentes,
como los fuegos de todas las estrellas.

Un nuevo poeta,
Hijo de dos semillas,
tercera cabeza.

El Padre: "Phenix",
Tigre,
Indio,
Samurai,
De Mil cabezas, ...
La Única Espada,
"El Corazón de la Muerte",
Fuego Negro.

La Madre,
me callo,
guardo silencio,
a ver si puedo,
"La Voz del Silencio",
que estalla mas tarde,
cuchillas de bisturis,
precisas,
en el aire,
infiernos de mis cabezas,
enterradas,
que despiertan,
con ojos cerrados,
cubiertos de lagrimas,
de no ver al Padre,
aprendiendo a confiar,
arropado,
cubierto,
por el mismo manto,
y del mismo Padre.

...

Hoy escribo,
de nuevas lanzas,
las puntas,
de cinco dedos,
son menos puntas,
menos lanzas.

Con tres dedos,
que no apuntan,
y solo apuntan,
al mismo cielo,
de un niño llorando,
de tantos años.

Otro,
el mas gordo,
no apuntando,
y solo hablando,
con sus tres niños,
muy pequeñinos,
silencios, ...

"Tranquilos cielos", ...
que hay otro dedo,
que esta apuntando,
aunque no sepa,
quizás,
que va matando,
y solo encuentra,
la otra mano,
que le esta abrazando.

No hay comentarios: