Corros de la patata,
palos de noria,
sin ningun sentido,
tornillos con rosca.
Dos soberbias,
separadas,
por un puente de abismos,
de paja.
La primera,
de abrazos olvidados,
niños de juguetes de plastico,
esparcidos en guerrilas de esquinas,
cochecitos volcados en las cunetas.
La segunda,
de abrazos bien cuidados,
perfectos,
con planos,
perfiles de enciclopedia,
juegos bien guardados,
donde las piezas suman,
buenos resultados.
Soberbias que viajan en el mismo tren,
con ditintos asientos,
unos de maderas sin papeleras,
otros de sillones de metal,
con refuerzos de goma espuma.
Una de guitarras desafinadas,
buscando los sonidos del agua,
otra de pianos con teclas,
bien formadas,
de melodias bien preparadas.
Soberbia de rebeldia,
de molinos en el aire,
destrucción masiva.
Soberbia de total aceptacion,
de lugares perfectos,
heredados,
construccion masiva.
¿Cual es la diferencia?
Ninguna, absolutamente, ninguna,
ombligos son ombligos,
trozos de carne,
carnes con las misma gafas,
y oscuras.
Solo un matiz,
importante:
La primera,
en vida,
muerte segura.
La segunda,
en la muerte,
es una vida sin sentido.
La clave de dos razones,
de mundos desencontrados,
fuerzas de-mentes educadas,
en alcobas de cestas de mimbre,
sin sus tres manzanas.
domingo, 1 de marzo de 2009
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