Desnudo,
con patucos de espuma en los pies,
manchado de lo mismo de siempre,
subido en banquetas con orejas,
hecho de piezas muy debiles,
con el mismo destino.
Las puertas no existen,
las pinto con todos los lapiceros,
y las cerraduras no estan fuera.
Las palabras escritas quieren salir,
entre los pellejos heridos de mis uñas,
los tiempos,
marcados,
no lo atienden,
no es posible,
escopetas que no sirven,
los muertos no hablan,
con palabras regaladas.
Insisto,
con las tijeras,
en las lineas dibujadas,
en un punto,
que no se corta,
hasta que disuelvan todas las carnes acumuladas,
hasta que las palabras,
me lleven de la mano,
y empiecen a olvidarse,
que su padre no es alguien cercano.
viernes, 20 de marzo de 2009
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