Como una balleta vieja,
estrujada,
sin una gota de agua,
seca del tiempo.
Carnes,
no tengo,
donde agarrarme,
mis pelos se enfadan,
no tienen Tierra,
creciendo en los valles,
de mis dos orejas.
Pero por dentro,
las fantasmas negros,
ya tienen miedo,
mucho miedo,
de nuevas ventanas,
en mi cuerpo.
Mañanas,
soles creciendo,
amarillos,
naranjas,
de rayos,
muy dentro.
Los pajaros saben,
se acercan,
se posan,
se marchan cantando.
Todas las noches,
muero,
y cada muerto,
va perdiendo peso.
domingo, 15 de marzo de 2009
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