Aparecen,
cuando menos te lo esperas,
cuando seco de llantos,
cortinas en los labios,
puños sin visagras,
sentado sin cabeza,
los ojos en el suelo,
dados del juego,
de lado,
de reojo,
casi sin dientes,
miras hacia arriba,
y sientes como crecen,
de cinco petalos,
soles,
de dos en dos,
tallos suaves.
En mis manos,
nada,
agarradas,
en los pantalones,
porque si las estiro,
las flores ya no estan,
y otra vez solo,
sin sus dos olores.
viernes, 20 de marzo de 2009
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