Como piezas de madera,
encoladas en el suelo,
en una línea,
hacia el horizonte,
muy lejano,
despejado de nubes,
alla al fondo,
enterrado,
sin Tierra,
hablando con la lluvía,
mi cuerpo ya no es nada,
mis manos ya no saben agarrar,
solo oigo a los pajaros,
pintados,
dibujados,
por aquel sol,
en el horizonte,
que se levanta,
todas las mañanas.
domingo, 22 de marzo de 2009
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