Dos creencias sentadas de frente a frente,
fuertes,
esveltas,
con razones del viento,
miradas,
lamentos,
y no hay encuentro.
Una sola mano extendida en la mesa,
señalando alto,
mientras la otra desde el silencio,
cerrada y quieta,
mira mas abajo.
El aire se encoje,
grita el silencio,
mientras los niños se esconden,
detrás de las puertas.
Un sonido,
un llanto,
con sus dos palos,
un niño que juega,
y no espera tanto,
porque se baja,
rie y sube alto,
y cuando lo tiene,
se cae de canto.
Se levanta y mira,
se rie y se esconde,
se baja y se sube,
se sube y se baja,
y mientras tanto,
uno que empieza,
y no es para tanto.
Carlos Carlos.
PD: A mi hermano Javi, un artista del toreo, sin matar a ningún torero, y por supuesto, sin plaza, ni público, ni toro muerto.
lunes, 16 de febrero de 2009
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